Desde el inicio de la colonización agraria de la isla, los esclavos traídos del África iban sustituyendo a la fuerza de trabajo indígena, cada vez más mermada por varias causas: suicidios, matanzas ante la resistencia nativa; epidemias traídas por los europeos y brutales condiciones laborales. Ante estas dos últimas, los africanos ciertamente se mostraron más resistentes. El aporte africano, que de forma constante se prolongaría hasta mediados del siglo XIX, es base hoy de una integrante etno-cultural innegable.
La identidad dominicana es amalgama de tres elementos: el africano (predominante en la generalidad de la población), el español (también muy evidente merced al mestizaje, sobre todo en los estamentos económicos altos) y el primigenio elemento taíno.
La abolición de la esclavitud en República Dominicana se llevó a cabo bajo la ocupación haitiana de 1822. Desafortunadamente, los abusos cometidos por la administración haitiana en Santo Domingo contribuirían a identificar el componente africano con el invasor, lo que en gran medida provocó su menosprecio, dando lugar a paradójicas cotas de racismo en la sociedad de la isla.
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